
Entró, con su andar cansino, mirando primero hacia el suelo y después, ya en la cancha, hacia las tribunas. Esas de las que bajaba un aplauso ensordecedor, como aquellos que se le suelen dedicar sólo a los jugadores locales.
Dio unos pocos pasos e hizo un saludo a los cuatro costados del estadio, cuyos ocupantes se seguían rompiendo las manos para agasajarlo.
Caminó hasta su asiento, al costado de la cancha, pero antes de dejar el raquetero y sentarse, se volvió hacia la gente y otra vez saludó a todos, serio, algo emocionado.
Carlos Moyá entraba por última vez, a los 34 años, a la cancha del Buenos Aires Lawn Tennis Club, aquella en la que ganó su primer título profesional en 1995. Y el Buenos Aires le daba el adiós a uno de los dos el otro fue Gustavo Kuerten- hijos adoptivos que tuvo en su historia.
"Quien haya seguido mi carrera sabrá por qué de esta despedida en Buenos Aires. Gané mi primer título profesional aquí, y ese fue el primer flechazo de un amor que duró toda mi vida tenística. En ningún otro lugar, excepto tal vez en casa jugando Copa Davis, me han hecho sentir lo que me hicieron sentir aquí", explicó el ex número uno del mundo.
Moyá no se quiso olvidar de señalar también lo importante que fue particularmente el BALTC en su vida: "Esta cancha siempre fue especial para mí, una especie de talismán", remarcó.
Hubo un partido para homenajearlo. Iba a ser ante Gastón Gaudio pero, según explicó micrófono en mano en el estadio el propio Gato, se desgarró. Entonces hubo un suplente de lujo: Guillermo Cañas.
Fue el de Tapiales, retirado hace ya más de un año, el socio ideal para la fiesta. Entre los dos armaron un muy buen partido, con nivel profesional. "Fue la despedida soñada", expresó el español después del match.
Hubo una formalidad; el tanteador. Ganó el europeo por 4-6, 6-1 y 7-2 el tie break con el que se reemplazó el tercer set, para no exigir demasiado a los protagonistas. Ese fue el tanteador, no el resultado. El resultado fue el disfrute de todo el público presente y el merecido agasajo para el más argentino de todos los españoles: 'Charlie' Moyá.
Dio unos pocos pasos e hizo un saludo a los cuatro costados del estadio, cuyos ocupantes se seguían rompiendo las manos para agasajarlo.
Caminó hasta su asiento, al costado de la cancha, pero antes de dejar el raquetero y sentarse, se volvió hacia la gente y otra vez saludó a todos, serio, algo emocionado.
Carlos Moyá entraba por última vez, a los 34 años, a la cancha del Buenos Aires Lawn Tennis Club, aquella en la que ganó su primer título profesional en 1995. Y el Buenos Aires le daba el adiós a uno de los dos el otro fue Gustavo Kuerten- hijos adoptivos que tuvo en su historia.
"Quien haya seguido mi carrera sabrá por qué de esta despedida en Buenos Aires. Gané mi primer título profesional aquí, y ese fue el primer flechazo de un amor que duró toda mi vida tenística. En ningún otro lugar, excepto tal vez en casa jugando Copa Davis, me han hecho sentir lo que me hicieron sentir aquí", explicó el ex número uno del mundo.
Moyá no se quiso olvidar de señalar también lo importante que fue particularmente el BALTC en su vida: "Esta cancha siempre fue especial para mí, una especie de talismán", remarcó.
Hubo un partido para homenajearlo. Iba a ser ante Gastón Gaudio pero, según explicó micrófono en mano en el estadio el propio Gato, se desgarró. Entonces hubo un suplente de lujo: Guillermo Cañas.
Fue el de Tapiales, retirado hace ya más de un año, el socio ideal para la fiesta. Entre los dos armaron un muy buen partido, con nivel profesional. "Fue la despedida soñada", expresó el español después del match.
Hubo una formalidad; el tanteador. Ganó el europeo por 4-6, 6-1 y 7-2 el tie break con el que se reemplazó el tercer set, para no exigir demasiado a los protagonistas. Ese fue el tanteador, no el resultado. El resultado fue el disfrute de todo el público presente y el merecido agasajo para el más argentino de todos los españoles: 'Charlie' Moyá.
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