
El británico Andy Murray, 5º favorito, superó al español Rafael Nadal, 2º preclasificado y defensor del título, y avanzó a semifinales del Abierto de Australia donde chocará con el croata Marin Cilic (14º) que eliminó al estadounidense Andy Roddick (7º).
Murray alcanzó por primera vez las semifinales de este torneo al vencer a Nadal por 6-3, 7-6 (2) 3-0 y abandono por lesión.
Habían transcurrido dos horas y media de partido cuando Nadal tomó la decisión de dejar el Rod Laver Arena, donde el año pasado se convirtió en el primer español en ganar el Abierto de Australia. El de Manacor sintió un pinchazo en el músculo superior de la rodilla derecha al final del segundo set, al llegar a un drop shot de su rival, y aunque recibió masaje y disputó el tercer juego decidió no continuar.
La derrota significa la pérdida del número dos al final del torneo e incluso quizás también la del tres, dependiendo de varias combinaciones. Si el serbio Novak Djokovic gana el domingo en la final y Federer cae mañana ante el ruso Nikolay Davydenko, el de Belgrado puede ocupar la primera plaza, y si Murray vence al croata Marin Cilic en la penúltima ronda Nadal sería cuarto.
Pero no es eso lo que ahora preocupa a Nadal. Después de que el año pasado se perdiera Queen's y Wimbledon por un problema de tendinitis en las rodillas, y luego sufriera en Cincinnatti una rotura del abdominal de dos centímetros que se agravó en el Abierto de Estados Unidos, el de Manacor tiene su mente en otra cosa.
Dos horas antes del partido Nadal se entrenó en la pista 16, la misma que suele utilizar para las prácticas con el júnior australiano Sean Berman. Su semblante era serio, pero realizó la sesión sin problemas. Tan solo pidió a su fisio, Rafael Maymo, que le aflojaran el vendaje del tobillo izquierdo, donde tiene una esponja en la planta del pie para protegerse una ampolla, y nada hacía presagiar lo que pasaría luego durante el partido.
Hasta que llegó la lesión, Nadal jugó con intensidad dominando en los comienzos de ambos sets con roturas iniciales. Se hizo con el saque de Murray en el 2-1 del primer parcial y en el 4-2 del segundo, pero no consiguió materializar ninguna de esas ventajas.
Anclado en el fondo de la pista con un juego pausado, pero tremendamente efectivo al contragolpe, y mordiendo en la red cada vez que le hacía falta, Murray se dejaba dominar pero estaba en el partido. Y en los momentos finales sacaba lo mejor de sí para que Nadal perdiera el punto.
El problema del español era que, aun teniendo más oportunidades de rotura que su rival, no lograba sellarlas. Y Murray se crecía en la remontada con un peligroso revés a dos manos, una certera volea y un saque con el que logró 13 aces. Así, el de Manacor cedió el primer set en 52 minutos después de haber dispuesto de ocho puntos de rotura y haber convertido sólo uno.
En el segundo el partido siguió la misma dinámica, hasta que con 3-2 para Nadal el encuentro se paró para que se iniciaran los tradicionales fuegos artificiales en conmemoración del Día de Australia. El cielo se llenó de destellos y luces, pero el partido se enfrió durante casi 12 minutos, periodo que los jugadores aprovecharon para ir al servicio.
De vuelta a la pista, Murray pareció el más afectado por la interrupción ya que perdió el saque a continuación (2-4). Pero Nadal cometió una doble falta en el siguiente y cedió el suyo después. No obstante, estuvo dos veces a solo dos puntos de ganar el set más adelante, pero cuando realmente lo pasó fatal fue en el undécimo juego, en el que el británico dispuso de cuatro para robarle su servicio.
Llegado el desempate Murray se aprovechó de tres fallos de Nadal para tomar delantera y sentenciar ese juego de forma magistral.
Murray ganó su saque en el primer juego del tercer parcial y el español pidió la asistencia del fisio. Recibió masaje, pero su cara no reflejaba nada positivo. Pese a todo continuó y aguantó como pudo dos juegos más, e incluso tuvo opciones de romper en el tercero, pero tras cederlo decidió abandonar.
En el otro partido de cuartos de final, Andy Roddick también se vio perjudicado por una lesión, en su caso en el hombro y la base del cuello, producida en su partido anterior contra el chileno Fernando González.
En un duelo cambiante, que estuvo lejos de tener el nivel técnico esperado pero estuvo colmado de emociones fuertes, Cilic se impuso por 7-6 (7-5), 6-3, 3-6, 2-6 y 6-3, tras 3 horas y 52 minutos.

Al norteamericano no le alcanzó para levantar el partido una reacción notable: llegó a estar abajo dos sets a cero y molesto por una lesión, pero se mantuvo concentrado y estiró el partido.
A los dos se los notó un poco erráticos y faltos de potencia durante el desarrollo del match, algo extraño en dos sacadores y pegadores innatos. Quizá cansados por los largos duelos de octavos de final que venían de disputar, ambos intentaron en el arranque del juego suplir sus deficiencias con variedad de velocidades y alturas: mucho slice, mucho efecto para asegurar regularidad y ángulos.
Roddick pareció el más afectado por esta cuestión, ya que su habitualmente poderoso drive no lograba lastimar ni un poco a su contrincante. Aunque el croata no se vio nunca del todo cómodo y cometió muchos más errores no forzados que lo habitual. También es cierto que el vuelo tenístico del partido resultó ir de menor a mayor.
El primer set fue extremadamente parejo. Los dos defendieron sus games de saque con uñas y dientes hasta el tramo de definición. Cuando estaban 5-5, Cilic consiguió su primer quiebre tras cinco oportunidades fallidas en el set, y pareció que había definido todo a su favor. Pero no pudo sostener su diferencia cuando sacó para set y Roddick, que había dejado pasar dos chances en esa manga, recuperó terreno para llegar a un tie break.
En ese desempate, la diferencia volvió a ser mínima: se lo llevó Cilic porque empezó a encontrar un poco más su ritmo de juego habitual: un poco más de velocidad y excelente colocación de tiros. Sólo ese set duró 1 hora y 10 minutos.
Antes del arranque del segundo parcial, Roddick fue atendido por el trainer debido a una molestia en su hombro derecho.
La segunda manga encontró al norteamericano con una ventaja temprana de un quiebre, pero evidentemente mermado físicamente (hasta haciendo gestos de dolor físico) y algo fastidiado por su falta de precisión, el jugador de Nebraska no pudo sostener sus números en la pizarra y comenzó a sufrir el partido: cedió un break, luego otro. Enseguida dejó pasar dos oportunidades de quiebre para equilibrar el marcador. Se lo notaba algo ido del juego.
A partir de ese momento Cilic se soltó y, aunque sin brillar, comenzó a demostrar toda su versatilidad para complicar cada vez más al ganador del US Open 2003 y cerrar con oficio el segundo set.
Pero lejos de darse por vencido ex número uno del mundo decidió cambiar su táctica: empezó a jugar más planos los saques, dándoles mayor velocidad y menor cantidad de efecto, arriesgó más con su drive y buscó jugar puntos más cortos.
Y vaya si funcionó: Roddick consiguió un quiebre en el tercer set que le infundió nueva energía. Empezó a jugar mejor y a retroalimentar su confianza. Cilic, por el contrario, entró en una laguna de baja tensión que no parecía poder resolver.
Ya en el cuarto, el estadounidense arrasó: se puso 5-0 con su saque cuando iban 19 minutos de juego. Aunque cedió su servicio en ese game, el parcial ya era cosa juzgada.
En el último set, Cilic arrancó con su saque y levantó un triple break point en contra. El europeo despertó y nuevamente empezó a luchar de igual a igual. Fue el inicio de una paridad similar a la que se había dado en el comienzo del encuentro. Los puntos se alargaron y el escenario comenzó a favorecer nuevamente al vencedor de los primeros parciales.
Por eso el quiebre para quedar 3-1 arriba en esa manga pareció tan definitorio. A partir de allí, Roddick no pudo mantener su envión tenístico y anímico, y terminó avasallado por los 20 aces y los 84 tiros ganadores del joven que ya había eliminado del torneo a Juan Martín de Del Potro.
Así, el gigante croata de 21 años -que ya obtuvo un título esta temporada, en Chennai- se aseguró su pase a la semifinal de un Grand Slam por primera vez en su carrera, y dejó al estadounidense sin chances de jugar su quinta semi en Melbourne.
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